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El estilo del arriate

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El estilo del arriate debe ser un reflejo del diseño y el carácter de la casa, de los rasgos físicos del lugar y de los gustos del jardinero. En general, el tono del arriate se establece al elegir elementos formales o informales; estas dos designaciones genéricas abarcan una gran variedad de estilos, desde las franjas rectas de un borde formal cuidadosamente delineado hasta la exuberancia despreocupada del arriate de una casa de campo, con todas las variantes intermedias posibles. Sea cual sea el estilo elegido, habrá que disponer y unificar los colores, texturas y formas de las plantas, que se dispondrán siguiendo principios de ritmo y equilibrio.

Un tono formal

El tono de un arriate de estilo formal, intemporal y clásico, refleja el amor al orden. Las líneas son rectas o bien curvas sencillas; en general, se impone la simetría de espejo, y el propio arriate está orientado en una línea que lleva directamente hacia un punto focal, como puede ser la puerta principal de la casa o algún ornamento.
Uno de estos elementos clásicos en un diseño formal de jardín puede ser un plano cuadrangular, casi siempre un rectángulo; también puede haber dos arriate idénticos a cada lado de algún componente arquitectónico, como puede ser el camino de entrada o el de coches. Las plantas siempre verdes o los muros de ladrillo suelen ser el marco permanente del arriate formal. Los setos se podan con cuidado para que tengan aspecto macizo y uniforme en toda su extensión (ver páginas siguientes), y la línea frontal del arriate se refuerza con un seto bajo, por ejemplo de boj enano, o con un bordillo de ladrillo o de piedra.
La tradición formal establece que dentro de un arriate haya plantas anuales o de una sola especie, como puede ser un conjunto de rosales, de lirios o de brezos. Esta clase de plantación resalta el carácter unificador del marco en que está. Sin embargo, un arriate formal funciona de la misma manera, aunque contenga plantas de distintas variedades, porque su estructura establece la unidad del conjunto: lo típico de un arriate formal es la paleta limitada que emplea.
En la adaptación moderna del arriate formal inglés se incluye una mayor diversidad de perennes compactas y de plantas de hoja dentro de un marco verde simétrico. Las plantas se colocan de modo que desciendan hacia el frente, desde una parte trasera elevada hasta las alturas media y baja, en filas bien definidas y limpiamente dispuestas.

Un tono informal

Las líneas internas de un arriate informal sugieren un grupo de plantas asociadas en un paisaje natural, que crecen con lozanía al abrigo de una piedra, una valla o un muro. La asimetría despreocupada se fortalece gracias a la gran variedad de plantas que se usa -arbustos, perennes, bulbos, anuales y enredaderas-, una combinación conocida con la denominación de arriate mixto. Las variedades que se colocan en la parte frontal suelen ser plantas de flor, en lugar de la típica hilera de boj del borde formal. Con la floración se obtiene una mezcla de colores y formas, escalonadas en el tiempo, que suele ser más atractiva que el conjunto clásico de un arriate formal. La ornamentación, en estos casos, también es despreocupada: piedras, una escultura de madera u otro material, que siempre resultará un buen complemento del arriate informal.

Un tema determinado

Tanto en el estilo formal como en el informal, un buen modo de definir las ideas del diseño es la elección de un tema. Se puede pensar en un arriate blanco o de novia, en el que todas las flores tengan diversos matices de blanco, o bien en un borde de bruja, lleno de mandrágora, ajenjo y dedaleras, o incluso en uno que sólo tenga plantas mencionadas en las obras de Shakespeare. Además, se puede restringir el grupo a un determinado género o a una especie, como azaleas, camelias, lirios, Iilas o rosas. Un huerto, es decir, un jardín orientado a especies culinarias, puede tener hierbas aromáticas, lechugas y repollos ornamentales y flores comestibles. Un jardín destinado a los habitantes silvestres del lugar tendrá flores y plantas que atraigan a los colibríes o a las mariposas. Un jardín centrado en las fragancias será una fiesta de perfumes.
El color puede ser un tema muy interesante para un arriate. Quizá el más llamativo, en este aspecto, sea el jardín lunar, poblado de flores blancas que se abren por la noche, que se disfruta a la luz de la luna. Asimismo, se pueden elegir colores de follaje y de flores específicos: un jardín azul tendrá glicinas, acianos, lobelias y salvia azul; en un jardín rosa lucirán cleomes, geranios, cosmos y crisantemos, y en un jardín oro y plata no faltarán la artemisa “Silver Mound”, la salvia plateada, y la milenrama y la manzanilla doradas.
Las características del lugar también pueden brindar inspiración en cuanto a temas. Un arriate sombreado puede tener como tema un rincón de bosque o un jardín verde. Un sitio con rocas puede ser un buen espacio para un borde de plantas alpinas; otras posibilidades temáticas relacionadas con el medio ambiente son las condiciones desérticas, las de sombra plena o la cercanía del mar.

El ritmo de un arriate

Aunque el fondo unifica el conjunto desde su posición trasera, el ritmo es el elemento visual que da unidad al arriate en toda su extensión. Dentro de este conjunto, como en otros, el ritmo se advierte cuando un elemento se repite a intervalos regulares y establece puntos visibles que atrapan la mirada a medida que se recorre el total. Tal como en la música, esta repetición rítmica vincula entre sí a las distintas partes de una composición. Se pueden crear ritmos con la repetición del color, la textura de las hojas, la forma de las plantas o con un ejemplar muy llamativo.
Hay varias maneras de crear un ritmo de color. Ante todo, se configuran espacios separados para la plantación; cada uno de ellos se considera como una unidad que debe contar con grupos de plantas bien combinados entre sí. Entre estas unidades se colocarán plantas contrastantes, una función que cumplen muy bien las variedades de follaje gris claro o las que dan abundantes flores de tono blanco crema.
Otra posibilidad puede ser un único color dominante distribuido en tres puntos, o más, en la superficie del arriate. Con una planificación cuidadosa, se puede calcular la plantación de modo que haya un color predominante en primavera, otro desde principios hasta mediados del verano y un tercero a fines del verano.
Como alternativa al color, para crear ritmos también se recurre a las texturas contrastantes del follaje o a las formas diversas de las plantas. Las hojas ásperas del acanto, de la espirea falsa, de la Hosta o de la hierba cana, agrupadas entre el follaje de tamaño mediano de alquimilas, lechetreznas o peonías, forman un tapiz de atractiva textura.

Equilibrio de color y textura

El color y la textura son elementos de equilibrio en los arriates extensos, donde la mirada debe describir un movimiento amplio para abarcar el con junto. El equilibrio del color se obtiene con una colocación cuidadosa de los colores, a fin de crear conjuntos cromáticos variados, en lugar de uno 0 dos puntos focales en todo el arriate. Por ejemplo, se consigue esto con varias plantas de colores cálidos, como pueden ser la monarda “Cambridge Scarlet” y los geranios de color escarlata brillante, a cierta distancia unos de otras para no concentrar toda la tonalidad caliente en un solo punto. También se equilibra el conjunto rodeando una o dos plantas que tengan flores de colores primarios intensos con una masa de flores de tonos pálidos de ese mismo color, por ejemplo un grupo de ranúnculos amarillos entre matas de margaritas blancas con centro amarillo.
Con el equilibrio del colorido se consigue crear una ilusión óptica por la que el arriate parecerá más ancho o más profundo. Para que un borde estrecho dé sensación de mayor profundidad, los colores cálidos -rojo, anaranjado y amarillo-, es decir, los que se “adelantan” hacia el observador, se sitúan en primer plano, y los fríos -azul, verde y violeta-, o sea, los colores que “retroceden”, en la parte trasera.
Este mismo principio de equilibrio se aplica a las texturas de las plantas. Si dos plantas de textura áspera o de hojas grandes deben estar en un mismo arriate, habrá que separarlas para que se luzcan mejor y para evitar que se cree un punto de “peso” excesivo. Entre una y otra se dispondrán variedades de follaje fino, con lo que se obtendrá la armonía buscada.
Por último, la altura y el volumen, o la forma de crecimiento, pueden ser rasgos que, bien utilizados, den equilibrio al conjunto del arriate. Una planta puede tener una forma vertical o redondeada, o bien un aspecto denso o una forma abierta y poco compacta. Cuando se planea un arriate, lo mejor es tratar de establecer contrastes de forma y de altura en toda la superficie. Si se cuenta con un arbusto voluminoso en un extremo, se puede incorporar otro rasgo llamativo -que será otro arbusto notable o varios más pequeños, por ejemplo con una corteza de color peculiar- o una escultura en el extremo opuesto, para que equilibre el conjunto.